Los han cogido cagando, o si lo preferís, los han cogido con el carrito del helao. Ya se sabía que no hubo agresión a Bono en la famosa manifestación de enero de 2005, convocada por la AVT para protestar contra la negociación con ETA, pero lo de hoy ya ha sido definitivo. Los policías que detuvieron a dos militantes del PP por presunta agresión al ex ministro van a tener unos problemillas legales. Y no por nada, sino porque al menos uno de ellos ha cantado y el juez ha visto claro que los arrestaron sabiendo que no había razones para ello. Lo recogen El Mundo, El País (que ya no podía seguir ignorando el asunto), Libertad Digital y todo Cristo:
"La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado a penas que suman trece años y medio de prisión a tres policías por los delitos de detención ilegal, falsedad en documento público y coacciones, que cometieron a raíz de la detención de dos militantes del PP que acudieron a una manifestación convocada por la AVT. El principal acusado, el comisario Rodolfo Ruiz, responsable de la Comisaría de Puente de Vallecas cuando apareció en ella la mochila del 11-M, ha sido condenado a cinco años y medio de cárcel y ocho de inhabilitación."
Y no es que la cosa no estuviera clara. Qué va. Varios agentes se negaron a tomar declaración y detener a los militantes del PP por no apreciar indicios de delito por ninguna parte, agentes que fueron personalmente apartados de sus puestos por Rodolfo Ruiz, que hoy lloriqueaba amargamente. Además de delincuente, cobarde.
El tema es que este Ruiz, a pesar de ser un cargo policial muy importante, no es más que un mandao: quien ordenó las detenciones fue José Antonio Alonso, entonces Ministro del Interior, a través del Delegado del Gobierno en Madrid, Constantino Méndez. Y todo porque Bono fue a la manifestación esperando salir en loor de multitudes, pues él era el ministro "españolista" del Gobierno, la antítesis de Zapatero, pero resultó que tuvo que ahuecar de allí con el rabo entre las piernas porque la gente no quería verlo ni en pintura. La herida en su orgullo y el correspondiente ataque de soberbia lo condujeron a inventarse que le habían metido no sé cuantos cosquis, y a exigir detenciones para presentar a los manifestantes ante la opinión pública como unos fascistas peligrosos. Unos fascistas peligrosos cuyo todo delito fue, claro, recibirlo de uñas y no con el boato y la reverencia que don José merece. Todo por su puto narcisismo.
La dimisión de Constantino Méndez, que estaba cantada, ya se ha producido. Ahora urge la de Alonso y que Bono preste declaración ante el juez o quien sea. Basta ya de que se meen en la gente y de que encima le digan que está lloviendo. Bono, con su vil mentira, ha estado dispuesto a hundir a dos personas que pasaban por allí, esos dos militantes del PP, con tal de aparecer como la víctima de un puñado de fascistas. El niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro: ése es Bono. Su abyección es incomparable.
Lo que ha ocurrido es sumamente grave: policías deteniendo ciudadanos a sabiendas de que no habían hecho nada punible. Si han sido capaces de eso, ¿de qué más serían o habrán sido capaces?